MADRE



La lámpara de magias
ha vuelto a darnos lumbre
y pájaros alegres
en bandadas regresan;
la emoción es torrente
arrastrando en su furia
camalotes de ausencia.
Eres como ayer,
el corazón latiendo
como hoy, como siempre.
En la casa fraterna
innúmeras ventanas
de sol amanecidas
sus postigos, abrieron.
Hay duendes fascinados
rondando los jardines
y sobre el campanario
palomas mensajeras
con minúsculas claves
y alas extendidas
convergen hacia el alba.
Hemos recuperado
saltando geografías
los cuentos de la infancia,
el verbo castellano,
y como en un espejo
retrospectivamente
imágenes antiguas.
Los soles estivales
barrieron tempestades,
otra vez la ternura
va hilvanando sonrisas
y sobre tu regazo
una paloma duerme.
Porque has regresado
madre lámpara
madre estrella
madre agua,
retornaron contigo
la timidez primera
 de la borrosa infancia.                                                            


GIRASOLES DE ESPANTO



Carlos Rodolfo no sé qué girasoles
de espanto y agonía
se abrieron en el alba,
la insomne primavera
de tu rosal herido
cavó las ilusiones
tronchando tu esperanza

y tú latías quedo, las nueve madreselvas
en la matriz dolida de rejas y venganza

qué locos atavismos
de sangre y de locura
estremeció las horas
del reloj disparado
girando sin destino
las manecillas rotas
de un tiempo oscurecido
de un cielo ensangrentado.
Espúreas violaciones,
jirones del espanto
de nieblas y alaridos
de cuerpos masacrados
mientras en el océano
del útero materno
latía ingenuamente
tu corazón amado.
Carlos Rodolfo, hoy siento
vergüenza de mí misma
al ver la estupefacta
mirada conque miras
el universo insomne
de muerte y pesadilla
indiferente al odio.
Un toro enfurecido
golpea tu mejilla
y vas llorando sangre
en lunas de ceniza
agobiado de sombras
te parece la vida
una mentira inmensa
doblegando la risa.
Y sin embargo, puedo
llorosa y compungida
decirte de los soles
ardiendo al mediodía
de la boca que besa
y la mano extendida
para decirte SIEMPRE
con la prieta caricia
de un joven corazón
asomado a tu vida.

Carlos Rodolfo, deja
en la noche el estigma
siniestro del pasado
el odio, la agonía
abre tus ojos, hijo
y vuelve hacia la vida.










AHORA



Ahora que tus barcos
navegan por mis aguas
al viento, sin temores
banderas desplegadas,
ahora que conoces
la ruta y el secreto
que lleva sin borrascas
al escondido puerto;
dorada fantasía
esbeltos cocoteros
arenas calcinadas
atardecer de ensueño
regálame los frutos
sazonados con fuego
de hogueras encendidas
con caricias y besos.
Ahora, no mañana
conjuguemos el verbo
esencia de la vida
vértice de misterios
que atempera la sangre
y cala hasta los huesos.
Bebamos de su cáliz
ahora. Cese el tiempo.
Repliega tus banderas
y atraca en este puerto
en este mismo instante
que es la hora del beso
y tu boca y la mía
son dos soles de fuego.





MACONDO




Bajo el tórrido sol de mediodía
En aquel mágico mundo trastocado
Reposaban los almendros polvorientos
Por el duende azul y transparente
De tu Macondo. Irreverente creador
De luces. El sortilegio de tu sueño
Desordenó los mundos sumergidos
Con peces de colores, estrellas submarinas
Y barcos naufragados
Con pálidas criaturas
Dormidas sin consuelo.
Al son de la palabra
Esa que nunca tiembla
Ante el fusil que acecha
Emboscado en la sombra
Desandaste caminos
Bordeando imperturbable
Abismos neblinosos
En remotos paisajes.
Alquimista del verbo;
Quien tuviera la magia
De trastocar el mundo
Repicando palabras
Del pantano a la lluvia
De la rosa de lata
Coronando la frente
De una pobre muchacha
Soñando ingenuamente
En su reino de nada.
Quizás en las arenas
De aquella Aracataca
La volanda de pájaros
Otra vez desbandada
Se descuelgue en la lluvia
Con las alas tronchadas
Tal vez las mariposas
Amarillas, cansadas
Hayan cesado el vuelo
Agónicas y tardas
Al saber que allá lejos
El amor se desangra.
Qué larga soledad
Nos apretuja el alma
Cien años es muy poco
Para tu ausencia larga.
Que no cese tu barco
De navegar las aguas
Rio arriba, rio abajo
La proa levantada
Hacia el tórrido sol
En plena madrugada.







FATUIDAD





Me divierte mirarte, vanidoso
pagado de tu propia extravagancia
sintiéndote señor de los caminos
donde cruza el amor. No me es extraña
esa actitud. Ya la conozco. Tu postura
de macho latino es cotizada
en el mercado de la mediocridad.
Me divierte mirarte, tus ardides
se parecen de cerca a la hazaña
del ave que aún se pavonea
prisionera y sola en una jaula.
Me divierte mirarte y me sonrío
con la astucia propia de la pálida
y milenaria esfinge;
vestido vas de cazador glorioso
cuídate la armadura, está gastada
no vaya a ser que al arrojar los dardos
caigas atónito en tu propia trampa.



MALALA (Premio NOBEL de la PAZ 2014)




Malala, tu nombre
nos recuerda el ala
de un ave liberta
de una nube clara
Malala tan niña
oscura mirada
tez anochecida
sonrisa de agua
pies apresurados
camino del alba
buscando incansable
la justa palabra
que tumbe la infame
y absurda muralla
que el hombre insensato
levantó con saña.

Malala la bala
que mata que cala
explota resbala
y trunca las alas
qué suerte Malala
tu sangre resbala
la vida no es mala
te ama Malala.

Y tú sigues viva
tan niña Malala
de tez tan oscura
de lucha tan mansa
túnica flotante
desnuda sandalia
para andar caminos
escalar montañas
alzar banderines
en la lucha ardua
liberando sueños
de mujer esclava
tumbando preceptos
viejas artimañas
de esclavizadores
en la noche larga.

EPÌNOME

Puedo reescribir los reversos    
Tristes, noches estrellándose
Contra las estrellas, tiritando
Lejos como azules titiriteros
Los astrales astros que no volverán
Golondrinándose oscuramente
En los balcones. Analfabetos
De sueños. De sueños y de nombres;
Del amor solo, absurdamente solo
En sordina.
Que no, que no te quiero verde,
Sin caballo ni montaña acaballándose
En el río de los espejos sin plata.
Que no, no, no, no te quiero
Quiero, quiero, quiero verde
Verdiazul, verdiblanca, verdirrosa
Verde luna sin gitana.
Mira como se puso tu piel
Porque no recuerdo, tu sangre
Sangrante río de sangre, cauce
Abierto de tu pecho.
Pensar que no pienso
Nada, cuando pienso
Que te quiero
Y soy una mujer viuda
Tres veces, viuda
Por eso en mi viudedad
Olvido, y olvidándolo recuerdo
Que en ese muro de arena
Levantado contra el viento
No sé si te quiero, quiero
O si olvidándote tanto
Ese olvido es un tormento
Tormentoso de agonía
Pensando que no te pienso.